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Las regiones vitivinícolas de España, tierras de oportunidades

Un ronroneo discreto acompaña el canto de los grillos en las regiones vitícolas de España. El éxito de la tendencia en auge del enoturismo se propaga en el país y convierte cada vez más turistas, interesados en conocer la esencia de esas regiones por su vinculación al mundo del vino.

La Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN) confirma la tendencia en alza del enoturismo y nos informa que el impacto económico generado por el enoturismo en las rutas de vino de España se ha incrementado en un 24% en 2017, alcanzando un valor superior a 67 millones de euros. El número de turistas que han visitado las bodegas y los museos de las rutas del vino de España ha crecido por un 18% en este mismo año, registrando más de 3,2 Millones de visitas, lo cual demuestra un interés creciente para este tipo de turismo.

El turismo en las regiones vitícolas presenta una estacionalidad particular y menos marcada que en otros tipos de turismo. Los meses de octubre y abril suelen conocer la mayor afluencia de visitantes del año, seguidos por mayo y septiembre. Los meses de verano también registran cifras positivas y por primera vez, el número de visitas realizadas en agosto supera la afluencia de todos los otros meses del año.

Con el desarrollo del turismo en las regiones vitícolas, ya no basta con abrir sus puertas a los clientes y presentar los aspectos técnicos de la producción de vino, sino que desde las pequeñas bodegas a las grandes explotaciones vinícolas, todos han tenido que profesionalizarse en los aspectos turísticos para sacar provecho de este negocio complementario. Además de adaptar las infraestructuras para recibir flujos de turistas, los actores del enoturismo han debido formar su personal al servicio al cliente, extender el alcance de su departamento comercial y crear una oferta complementaria atractiva.

El mundo del vino cuenta con muchos atractivos que los profesionales del enoturismo han sabido aprovechar para establecer una oferta amplia y diversificada seduciendo a la vez los principiantes y connaisseurs de la cultura vitícola. Ahora los productores ofrecen del alojamiento a la degustación de vinos y productos locales, pasando por paseos entre los viñedos y visitas de las bodegas, explicando los procesos de producción de los vinos. Los turistas más sedientos de aprender los  secretos de la dicha bebida pueden asistir a cursos de enología.

Los clientes objetivos de este tipo de turismo son las parejas o grupos reducidos de amigos residentes españoles. En los últimos años ha incrementado la proporción del número de mujeres llegando a superar al género masculino a día de hoy. En cuanto a la edad de los enoturistas, la franja predominante es la de 46 a 65 años, aunque se observa un interés creciendo de los 36-45 años y de los 26-35 años.

La estancia media de los clientes del enoturismo es de 2,65 días, debido a que los enoturistas suelen viajar en coche para puentes o fin de semanas. Un 54% de ellos se alojan en el destino, mayormente en hoteles de 4 estrellas (25%) y 3 estrellas (21%). Los clientes de esos hoteles hacen la reserva entre una semana y un mes antes de la estancia.

El nivel de gasto medio en este tipo de turismo es superior al promedio del turista nacional e internacional con un valor de 156,6 euros. En un segmento cada vez más competitivo, los actores del enoturismo tendrán que abordar una serie de retos inherentes a la evolución del sector. El primero de ellos es la transformación digital. Hoy en día el enoturismo encuentra en las redes sociales, las tabletas, los smartphones y sus aplicaciones oportunidades de desarrollo y de diferenciación.

Los aficionados de la cultura del vino intercambian a través de las redes sociales, una oportunidad para los actores del turismo en las regiones vitícolas de identificar e interactuar con su público objetivo de manera eficaz y al menor coste. Por otra parte, la era digital está cambiando la tradicional visita guiada de las bodegas y otras explotaciones vitícolas con el uso extenso de los smartphones, de sus aplicaciones, de la geolocalización y de los códigos QR.

El reto de los profesionales del enoturismo, si quieren prosperar en este negocio, será el saber incorporar las últimas tendencias tecnológicas sin dañar la autenticidad de la experiencia que los clientes vienen buscar en esas regiones.

El otro desafío que se presenta en la vía de desarrollo del enoturismo en España es la promoción de sus regiones vitícolas al nivel internacional. Si la clientela de este tipo de turismo permanece dominada por los clientes españoles, existe un real potencial para extender los mercados extranjeros. Las iniciativas individuales de los productores para expandir la reputación de los vinos españoles se multiplican, pero la clave para atraer los clientes de los destinos emblemáticos del enoturismo como Burdeos y Toscana se basa en una mejor colaboración entre los diferentes actores del sector vitivinícola y del turismo en primer lugar y una mayor participación del Estado en la promoción de sus regiones vinícolas por otra parte.

Con casi 1 millón de hectáreas de viñedo, España es el país europeo con más superficie destinada a la producción de uva para el vino. El patrimonio cultural español, combinado con la riqueza de su gastronomía y la belleza de sus regiones vitícolas suman a los atractivos que deben hacer de España el líder del Enoturismo en Europa, que, sin lugar a dudas, seguirá creciendo en los próximos años si saca provecho de las oportunidades y aborda los retos que han moldeado el sector en los últimos años.